sábado, 4 de agosto de 2007

Canción del Corazón




Había una vez un gran hombre que se caso con la mujer de sus sueños. Con su amor, crearon a una niñita. Era una pequeña brillante y encantadora y el gran hombre la quería mucho. Cuando era muy pequeñita, la alzaba, tarareaba una melodía y la hacia bailar por el cuarto al tiempo que le decía: ¨ Te quiero, chiquita ¨. Mientras la niña crecía, el gran hombre solía abrazarla y decirle: Te Amo, chiquita. La hijita protestaba diciendo que ya no era chiquita. Entonces el hombre se reía y decía: ¨ Para mi, siempre vas a ser mi chiquita. La chiquita que ya-no-era-chiquita dejo su casa y salió al mundo. Al aprender mas sobre si misma, aprendió mas sobre el hombre. Vio que era de veras grande y fuerte, pues ahora reconocía sus fuerzas. Una de sus fuerzas era su capacidad para expresar su amor a la familia. Sin importarle en que lugar del mundo estuviera, el hombre la llamaba y le decía: te amo, chiquita. Llego el día en que la chiquita que ya-no-era-chiquita recibió una llamada telefónica el gran hombre estaba mal había tenido un derrame. Quedo afásico, le explicaron. No podía hablar y no estaban seguros de que pudiera entender lo que le decían. Ya no podía sonreír, reír, caminar, abrazar, bailar o decirle a la chiquita que ya-no-era-chiquita que la amaba.

Y entonces fue a ver al gran hombre. Cuando entro en la habitación y lo vio, parecía pequeño y ya nada fuerte.

El la miro y trato de hablar pero no pudo. La chiquita hizo lo único que podía hacer. Se acerco a la cama junto al gran hombre. Los dos tenían los ojos llenos de lagrimas y ella rodeo con sus brazos los hombros inútiles de su padre con la cabeza apoyada en su pecho, pensó en muchas cosas. Recordó los momentos maravillosos que habían pasado juntos y como se había sentido siempre protegida y querida por el gran hombre. Sintió dolor por la perdida que debía soportar, las palabras de amor que la habían confortado.

Y entonces oyó desde el interior del hombre el latido de su corazón. El corazón que siempre había albergado música y palabras. El corazón seguía latiendo, desentendiéndose del daño al resto del cuerpo. Y mientras ella descansaba allí, obro la magia. Oyó lo que necesitaba oír.

Su corazón expreso las palabras que su boca ya no podía decir...

Te amo

Te amo

Te amo

Chiquita

Chiquita

Chiquita


Autor: Anónimo