lunes, 31 de marzo de 2008

ENCONTRAR EL VERDADERO CAMINO





Sermón


Manfred Krause

Es muy lindo estar en la casa de Dios. Quiero compartir con ustedes una palabra que me habla a mí; espero que les hable a ustedes también. La encontramos en Salmos 32, versículo 8, que dice así: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos”. Todos nosotros estamos buscando los caminos de Dios para nuestras vidas, estamos buscando a Dios en nuestras vidas, y estamos buscando el camino que Dios tiene para nosotros...

(Oración) Señor Jesús, te doy gracias por tu presencia y por tu Palabra; te pido, Señor, que des gracia para hablar y para escuchar tu Palabra. En el nombre de Jesús... Amén y amén.

¿Saben?, yo era pastor en Villa General Belgrano, en Córdoba, y tenía allí un hogar de niños. Y una mañana de invierno, no sé por qué se me ocurrió que quería escalar el cerro más alto y una de las montañas más altas de ahí de Córdoba es el cerro Chalpaquí (le dicen así).

Un día, muy de madrugada, dejé el auto al pie de la montaña y comencé a escalar, para poder llegar a algún refugio a la tardecita, porque había un buen trecho por caminar. Me había llevado una mochila con algunas cosas –frazadas y esas cosas-, y cuando ya había escalado bastante, noté que el camino se extendía para un lugar y después se iba por otro... y yo dije, “voy a bajar por la cascada y después voy a subir por ahí, luego me encuentro con el sendero más para allá, así ahorro un montón de camino”.

Lo hice, y me aparté del camino; empecé a buscar, traté de encontrar el otro camino y, por supuesto, me perdí. Ya había logrado estar a bastante altura, donde el aire es mucho más débil. Estaba a más de 1000 metros sobre el nivel del mar.

Llegó la tardecita... Encontré una planicie, había un precipicio delante de mí, dije, “acá no hay bichos, voy a acampar en este sitio”.

Se hizo de noche, estaba completamente solo; nadie sabía que yo estaba ahí, me sentía desesperado, no sabía para dónde ir, encima no sabía tanto de supervivencia como para quedarme.

Recordé que el invierno anterior habían muerto muchas personas, ya fuera por el frío –porque era invierno-, o porque se las habían comido los pumas. No olvidemos que ese es un lugar salvaje, incluso hasta hay caballos salvajes.

El cerro Chapalquí es muy lindo, pero yo estaba perdido, desesperado y al lado del precipicio. Repentinamente, en medio de esa soledad, de ese silencio grité “¡Existo! ¡Yo vivo! ¡Yo estoy!”.

Había un eco que me devolvió la palabra. No sé por qué dije esa palabra “existo”, pero sé que la existencia, en ese momento, estaba en juego.

Era un momento de soledad, de desesperación, de estar entre dudas, de no saber para dónde ir, de no saber lo que me podía suceder, de no saber si iba a sobrevivir.

Cuando uno pierde el camino, se desespera. Comienza en uno ese vacío existencial, ese no saber, ese no estar...

A la mañana siguiente –aproximadamente a las 4 ó 5- me desperté por el frío. Estaba totalmente congelado, no me podía mover. Comencé a frotarme y empezó a circular la sangre nuevamente. Alrededor del mediodía encontré el camino y, por supuesto, bajé lo más rápidamente posible...
El versículo dice, “te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar ...” Me di cuenta de que el que pierde el camino comienza a desesperarse.

No sé cuántos de ustedes están desesperados preguntándose cuál es su camino. Yo estoy en la misma situación. Le pregunto al Señor cuál es el camino por el que quiere que vaya, hacia dónde quiere que vaya y cómo puedo ir hacia allí, cuál es mi destino.

Algunos que estás fuera de camino se resignan, dicen, “bueno, ella no es la mujer de mi vida, pero mientras tanto salgo igual”. “Esto no es lo que quiero hacer, pero bueno, mientras tanto...”Cuántos andan en los “mientras tanto”.

El que no tiene un camino está en los “mientras tanto” espirituales. Hay muchos “mientras tanto” en la vida. El que pierde el camino se sitúa en un lugar que no sabe cuál es.

¿Saben?, hay un camino, cuando hay un destino, una meta. No se puede separar el camino de la meta. No se puede separar el camino del destino.

Si yo digo que voy a Mar del Plata, tengo que tomar un camino determinado y tener una rutina. (Hay una rutina buena y una mala), los griegos solían decir: “conserva tu rutina, conserva tu camino, eso es tan fuerte y tan necesario como conocerte a ti mismo”.¿Cuál es tu meta, tu camino? ¿Cuál es la visión que Dios te ha dado? ¿Cuál es tu misión? Porque si Dios te regala una visión, es porque tenés una misión que cumplir en tu vida. Quizás estás pensando, “Dios, mostrame el camino en el que debo andar”.

Mencioné anteriormente que hay una rutina buena y otra mala, a esta última yo la llamo “calesita”. La calesita tiene eso de no permitir fijar la vista en nada de lo que hay afuera. Nos obliga a mirar para adentro, porque lo de afuera cambia siempre... entonces vivimos placenteramente, nos dejas sacar la sortija y damos otra vuelta. Comenzamos así a pelearnos: “yo quiero sobre el caballito, y después sobre el autito; cuando estamos en el autito, nos aburrimos y así sucesivamente. Cuántos sienten que están en una “calesita”, en una rutina falsa por no tener una meta, un destino, por no saber hacia dónde tienen que ir.Cuántas iglesias están sobre la calesita, sólo miran hacia adentro, y esto los conduce a que se peleen entre ellos; los pequeños problemas los magnifican... ¿por qué?, porque no tienen una meta, no tienen por qué luchar. Están fuera del camino. Están en los “mientras tanto” de la vida.

Cuando encontramos nuestro camino, comenzamos a vibrar por algo. ¡Hay un camino! Estés enmarañado o no, te digo que ¡hay un camino! Dios conoce tu camino, conoce lo que quiere para tu vida. Él sabe el camino por el que debés andar.

Tu oficio no es una casualidad, tu historia no es una casualidad, tu iglesia no es una casualidad, las personas que puso a tu lado no son una casualidad, que estemos aquí juntos no es una casualidad... Dios te está preparando para hablarte.

Mientras preparaba este mensaje, sucedió algo muy raro: estaba en el escritorio, en el entrepiso y entró un pájaro por la cocina –creo-, subió por el living comedor y comezó a chocarse contra la ventana, y chocaba y chocaba, y quería salir. De repente comencé a mirar al pájaro, que estaba totalmente desesperado. Decidí hacer algo para que el ave pudiera salir. Bajé por la escalera y abrí la puerta principal de la casa de par en par... de repente me descubrí hablando con el pájaro... Le decía, “pájaro, acá abajo está la salida. El camino está por acá abajo”.

El pobre pájaro estaba totalmente desesperado, tenía un ala caída, pero igual intentaba y se golpeaba, revoloteaba y se golpeaba, chocaba contra el vidrio y caía. Tenía el pico entreabierto y jadeaba, mirándome desesperado por mi presencia. Yo, lo más quieto posible, le insistía, “pájaro, bajá; es por acá abajo”. Yo trataba de hablarle e indicarle dónde estaba el camino. Yo le había preparado el camino, pero él no entendía porque estaba encandilado por muchas luces. Entonces dije, “bueno, algo tengo que hacer...” Se notaba cómo latía el corazón del pájaro. Lo tenía cerca, lo tenía ahí, seguía pensando que debía hacer algo por la pobre avecita. Voy a tener que tirarle un almohadonazo para que se caiga, a ver si todavía le agarra un ataque al corazón, pobrecito...

Repentinamente recordé esta palabra, y pensé, “así Dios me está preparando el camino. Yo estoy encandilado con otras luces que no corresponden...” Y entendí. Tal vez no fuera muy teológico, pero entendí.

Sentí como si Dios me dijera, “che, Manfred, ¿te enseño, te hago entender, o te tiro el almohadazo? Y mientras pensaba en eso, el pájaro se dejó caer; ¿vieron cuando caer así, como heridos, revoloteando verticalmente? Al final encontró la salida y recuperó sus fuerzas. Salió como un disparo.Yo bajé y comencé a orar. Había entendido la lección.

Dije, “Señor, enseñame; no me hagas entender, enseñame, quiero que me enseñes”.A veces Dios nos tiene que hacer entender de otras maneras. Él está aquí con nosotros. Él tiene un camino preparado.

Recordé que en Génesis 12, Dios le dice a Abram que le iba a mostrar la tierra donde debía habitar.Analicemos punto por punto. Abram ya tenía un destino, sabía adónde tenía que ir. Y si bien no conocía el lugar, sabía que estaba preparado para él.Qué desilusión tuve en ese momento.

Dije, muchos la tienen clara, pero yo no la tengo tan clara. Aún estoy expectante, estoy abierto.Veamos cómo Dios le mostró el camino a Abram. Abram no sabía muy bien el camino que debía tomar. Fue a Egipto y se equivocó. Salió de la tierra de Ur porque había hambruna y se dirigió a Egipto. Cuántas veces nos equivocamos...Para mi la palabra “equivocación” es muy linda. “Equi” significa “igual”. Si digo “equidistante”, quiere decir “igual distancia”. “Equivocación” quiere decir “igual voz”. Qué curioso que cuando tenemos que decidir algo, oímos muchas voces, hay varias voces en nuestro interior. Equivocación es estar entre voces. Muchas veces estamos entre varias voces y elegimos la voz del placer y no la voz del valor. Estamos equivocados, entonces, estamos eligiendo mal. Elegimos mal porque no elegimos lo más valorado, sino la voz de la comodidad. Entendí, entonces al pájaro. Él se chocaba con los vidrios porque veía una luz, pero era una luz falsa, era una luz con obstáculo.Cuántas veces nos sucede como al pájaro, hacemos lo mismo aunque nos chocamos. Es muy tonto hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes. El pájaro se golpeaba una y otra vez con la misma ventana. A mí me sucedía algo similar, pero tenía que cambiar.

Espero que esta palabra de ayude.Cuando Dios quiere mostrarnos el rumbo de nuestra vida, vienen las tentaciones, las luces falsas que hacen que te atrases en tu camino. Este pájaro seducido por la luz de la ventana tuvo que esperar hasta cansarse. Díganme, ¿Dios tiene que esperar hasta que te canses o tiene que tirarte un almohadonazo?Dios no tiene recetas... A veces te guía por caminos sinuosos, espesos; otras por caminos fáciles y espléndidos, pero, mirando, entiendo que hay algunas reglas. Muy pocas veces Dios te obliga a seguir un camino. El hablar del Espíritu muchas veces es suave. A veces te hace chocar contra algo como para que entiendas, y eso duele. Pero también te guía por medio de la Palabra, de la oración, del Espíritu Santo. Te guía por medio de la Iglesia, que es un lugar santo. Él habla por medio de hermanos imperfectos, a veces demasiado imperfectos. Abraham tuvo que tomar decisiones, y Dios estaba allí.

Tené fe, Dios te está guiando, estás en el lugar correcto, en el lugar que quiere que estés. Si tenés el corazón abierto en este momento, tenés que tomar decisiones, y eso no es una cosa sencilla. Generalmente hay que decidir entre dos cosas buenas o dos cosas malas.

Y como dije, el que tiene una sola vaca tiene que decidir si la carnea o la ordeña; tiene que decidirse entre la leche o la carne. Es como el soldado: mata, o muere. Por supuesto que no quiere ni matar ni morir, pero tiene que elegir.Tomá decisiones, pero tomá decisiones válidas. Tomá decisiones en tu interior, en tu corazón por el Espíritu que hay en vos.

Recordemos el versículo: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos”.

Tan cerca está Dios de vos, que está al alcance de la mirada. Cuando nosotros oramos, estamos admirando a Dios. Admirar es poner al otro sobre un pedestal y abarcar con la mirada. Creo que cuando oramos, Dios te está abarcando con la mirada, y él quiere lo mismo de vos. Estamos tan cerca, que nos abarcamos con la mirada.Él está con su mirada puesta sobre tu vida, y, por supuesto, Él conoce tus caminos. Te está guiando.Yo creo que Dios está tan cerca, que me abarca con la mirada. Dios tiene un lugar. ¡Aleluya! Y en ese lugar, Él te va a guiar.

Él es el camino, él te hará entender y te enseñará el camino en que debés andar; sobre ti fijará sus ojos. No seas como el pájaro, no seas como yo. Bajemos y entremos en el camino de Dios, Él nos quiere dar una meta, tiene una misión preparada para nosotros. Su gloria está acá en estos momentos...


Que Dios los bendiga.



Sermones - fecha: 31 de marzo de 2006.


Es un gusto para mí colocar en el blog este sermón del Dr Manfred Krause, quien fue mi Profesor en el Instituto Teológico Jeruel, en la Ciudad de Córdoba, por los años 70; y que para mi sorpresa descubrí que vive nuevamente en Argentina cuando lo encontré, en la Iglesia Emanuel de Villa Ballester el año pasado.


En reconocimiento a aquellos que "siembran buenas semillas" en nuestras vidas ¡ Gracias Profesor por sus enseñanzas!


Sofía
La foto corresponde a San José de la Quintana - Sierras de Córdoba- La tomé en oct. de 2007 - Sofía_journalist