
San Mateo 5: "Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos
Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros".
¡Qué tremenda vigencia tiene este sublime discurso que Jesús pronunció en el monte! ¡Cuánta verdad! ¡Qué difícil se hace entenderlo al que no ha experimentado la nueva vida en Cristo! Estas palabras ofenden la lógica humana. Sólo se pueden entender espiritualmente, mejor dicho, en el Espíritu Santo. Por revelación y en fe.
Bienaventurados significa tres veces felices, dichosos. Los pobres en espíritu nunca se glorían. Saben que no pueden y piden ayuda. Solamente el que ha llorado experimenta la dulce experiencia de ser consolado por el Señor. El manso tiene la fuerza bajo control. No desaprovecha energías. Las usa para el bien.
Llegará el día que Dios implantará su reino eterno de justicia. Allí habrá justicia verdadera. No tendremos más sed de ella. Seremos saciados. Mientras tanto, es bueno tener hambre y sed de justicia. Por eso levantamos nuestras voces contra toda injusticia humana.
¡Qué tremenda vigencia tiene este sublime discurso que Jesús pronunció en el monte! ¡Cuánta verdad! ¡Qué difícil se hace entenderlo al que no ha experimentado la nueva vida en Cristo! Estas palabras ofenden la lógica humana. Sólo se pueden entender espiritualmente, mejor dicho, en el Espíritu Santo. Por revelación y en fe.
Bienaventurados significa tres veces felices, dichosos. Los pobres en espíritu nunca se glorían. Saben que no pueden y piden ayuda. Solamente el que ha llorado experimenta la dulce experiencia de ser consolado por el Señor. El manso tiene la fuerza bajo control. No desaprovecha energías. Las usa para el bien.
Llegará el día que Dios implantará su reino eterno de justicia. Allí habrá justicia verdadera. No tendremos más sed de ella. Seremos saciados. Mientras tanto, es bueno tener hambre y sed de justicia. Por eso levantamos nuestras voces contra toda injusticia humana.
Cuando hay actos de injusticia en todos los ordenes del quehacer humano, y también cuando quieren imponernos leyes injustas, leyes que ofenden a Dios. Lo hacemos con humildad y mansedumbre, pero con todas las fuerzas que nos dan nuestras profundas convicciones.
A su alma hace bien el misericordioso, porque lo que sembramos cosechamos. Si sembramos misericordia, cosecharemos misericordia. Todos necesitaremos misericordia, tarde o temprano.
Cuánta alegría experimenta el de limpio corazón. Puede ver al Señor con la cara descubierta.
Bienaventurados, tres veces felices, los pacificadores. Serán llamados hijos de Dios. El sello distintivo de un hijo de Dios es ser pacificador. El que anda en contiendas, el peleador, el que hecha leña al fuego, pone en duda su condición de hijo de Dios, de acuerdo a esta bienaventuranza de Jesús. Al actuar en algún conflicto entre hermanos sería bueno hacerse esta pregunta: ¿Estoy actuando como pacificador? ¿Contribuyo a la paz entre estos hijos de Dios que tienen diferencias?
En estos días estamos necesitando muchos pacificadores. Quiera Dios que nos encontremos entre ellos.
¿Y cuando nos persiguen injustamente? ¡Tres veces felices! Estamos participando de algo que era moneda corriente entre los profetas y los cristianos verdaderos en la historia de la Biblia y de la iglesia. Hay un galardón.
Vale la pena poner por obra esta obra maestra de Jesús, que son las bienaventuranzas.
Humildad, mansedumbre, justicia, misericordia, ser pacificador. Todas estas son virtudes de un hijo de Dios verdadero. Todo esto está en Jesús.
El salmo 85 lo profetizó y en Jesús se cumplió. Tenemos una meta; llegar a ser como Jesús. Imitémosle desde ahora.
Seamos mansos, humildes, justos, misericordiosos, limpios de corazón, pacificadores.
Que el gozo del Señor sea nuestra respuesta a los ataques y persecuciones.
A su alma hace bien el misericordioso, porque lo que sembramos cosechamos. Si sembramos misericordia, cosecharemos misericordia. Todos necesitaremos misericordia, tarde o temprano.
Cuánta alegría experimenta el de limpio corazón. Puede ver al Señor con la cara descubierta.
Bienaventurados, tres veces felices, los pacificadores. Serán llamados hijos de Dios. El sello distintivo de un hijo de Dios es ser pacificador. El que anda en contiendas, el peleador, el que hecha leña al fuego, pone en duda su condición de hijo de Dios, de acuerdo a esta bienaventuranza de Jesús. Al actuar en algún conflicto entre hermanos sería bueno hacerse esta pregunta: ¿Estoy actuando como pacificador? ¿Contribuyo a la paz entre estos hijos de Dios que tienen diferencias?
En estos días estamos necesitando muchos pacificadores. Quiera Dios que nos encontremos entre ellos.
¿Y cuando nos persiguen injustamente? ¡Tres veces felices! Estamos participando de algo que era moneda corriente entre los profetas y los cristianos verdaderos en la historia de la Biblia y de la iglesia. Hay un galardón.
Vale la pena poner por obra esta obra maestra de Jesús, que son las bienaventuranzas.
Humildad, mansedumbre, justicia, misericordia, ser pacificador. Todas estas son virtudes de un hijo de Dios verdadero. Todo esto está en Jesús.
El salmo 85 lo profetizó y en Jesús se cumplió. Tenemos una meta; llegar a ser como Jesús. Imitémosle desde ahora.
Seamos mansos, humildes, justos, misericordiosos, limpios de corazón, pacificadores.
Que el gozo del Señor sea nuestra respuesta a los ataques y persecuciones.
Salmo 85:10: "La misericordia y la verdad se encontraron; La justicia y la paz se besaron. La verdad brotará de la tierra,Y la justicia mirará desde los cielos. Jehová dará también el bien,Y nuestra tierra dará su fruto. La justicia irá delante de él, Y sus pasos nos pondrá por camino".
Editorial Boletín Aciera On-Line 16 - 05 - 2008
Pr. Hugo Baravalle Presidente de ACIERA
Pr. Hugo Baravalle Presidente de ACIERA
